Con Todo El Corazón

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Ni el mejor libro, ni la mayor composición musical, ni la escultura perfecta, ni las dimensiones exactas, ni la pintura ideal podrían transmitir mejor lo que puede brotar de un corazón agradecido.

Agradecido de no permanecer más en la ignorancia, en la incomprensión de la realidad.
Agradecido porque puede confesar no haber hecho nada meritorio, no llenó formularios, ni postuló a entrevistas, no tuvo la necesidad de demostrar excelencia en sus conocimientos, ni habilidades, ni superioridad.
Agradecido porque estuvo roto, y fue restaurado. Porque conoció la oscuridad y las tinieblas y ahora vive en la luz, porque creyó amar, porque pensó ser sabio en su ignorancia, pero fue rescatado y fue devuelto a la verdad.
Las heridas pudieron ser profundas, el dolor pudo ser agudo, y la soledad abrumante, pero ante todo, hubo un hecho imposible de negar… ¿cuál fue?

Que no importaba cuan bajo pudo caer, ni cuantas dudas embargaron su interior, Existía un amor más allá de todo lo conocido, un amor digno de elogio, de admiración, de recordar, de reiterar, de declarar, de citar, un amor que sobrepasa la comprensión del más sabio de este planeta, y de la lógica del más estudioso.

Un único amor que ama sin razones, sin motivos aparentes, sin peticiones, ni condiciones.
Un único amor que ama más allá de los tiempos, de las épocas, de los límites establecidos.
Un único amor que ama porque no puede dejar de hacerlo, porque es Su realidad, es Su identidad, porque no logra ocultar que no importa como esté tu corazón en esta hora, si has comprendido o no que fue lo que realmente sucedió hace dos mil años atrás.
Aun así ese único amor te amo, te ama, te continuará amando hasta el fin de tus días, y aun llegando hasta allí, no cesará y no terminará jamás.

Un único amor que te ama locamente, apasionadamente, profundamente, hasta el punto de que no se conformó con desear salvar tu eternidad. Vino y se entregó por ti, dio todo, y más que todo… dio Su propia vida.
No te hablo de un episodio de ficción, hablo de un hecho histórico, del hito más importante del Universo.
No pretendo convencerte, ni emocionarte, te cuento desde un corazón agradecido, desde la experiencia, desde la vivencia, que ese único amor tiene nombre, Él me encontró, me amó, me perdonó, me libertó, me cambió la vida, me dio felicidad, me dio esperanza, me dio razón de vivir, me atrajo, y hoy me envuelve hasta el punto de no pensar en continuar mi vida sin Él.

Ese único amor no tiene principio, ni tiene fin y por todas las razones antes mencionadas no hago otra cosa que dedicar mi vida a contarle al mundo que le conocí, que Él me encontró y que yo le pertenezco.

Ese único amor se llama Jesucristo, Él es el Señor y Soberano, Rey del Universo, Él es digno de ser conocido y ser reconocido, de ser admirado y seguido, de ser mencionado en cada respiro, y en cada lengua, Él es digno de ser adorado en cada rincón de este planeta y por cada criatura creada, Él ES Dios.

Y con todo el corazón, y con todas las fuerzas de mi alma, es imposible para mí negar una verdad tan grande y tan sustancial como esta, Dios ES amor, y como Él NO existe otro igual.

Y ¿Sabes cuál es la mejor noticia de esta nota? en sólo tres palabras:
Él… TE AMA!

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