Nuestro día

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¿Cuántas veces me he embarcado hacia horizontes incorrectos?

Y por más que me he empecinado en continuar mi rumbo sin Ti, he llegado a un punto de necedad y de aparente autonomía, en donde me he autoconvencido de poder lograr las cosas a mi manera.
He buscado convencerle de que mis métodos son mejores que los Suyos.. pero he cosechado solo lágrimas y desdicha.

Describir mis errores ante cientos de ojos desconocidos puede parecer una locura, pero no lo es, en el fondo no lo es, porque es justamente cuando he estado en esa cueva, queriendo ocultarme de Él, cuando más glorioso se ha presentado, y como un susurro sutil ha venido a cobijarme entre Sus brazos, recordándome que Sus propósitos si o si se cumplirán en mi vida, porque le pertenezco, porque soy Suya, porque respiro gracias a Él.. porque Tú eres mi vida, Señor.

Hace unos días me sentí colapsada, superada en todos los aspectos.. esa tarde me encontraba sola en mi hogar, así que sin pensarlo dos veces tomé mis llaves, unas cuantas monedas y me fui a caminar sin un rumbo y sin un tiempo definido.

Caminé, intentaba respirar.. pero en momentos sentía que el aire, sí, entraba en mi cuerpo.. pero no en mi alma.
En los primeros pasos solo tenía preguntas para Él. Después se tornaron en quejas, críticas, y con voz alarmante pedí Su manifestación, abrí mi mente a ser sorprendida con una zarza que no se consumiera, al diálogo de un burro, a una voz desde el cielo.. cualquiera cosa era aceptable..

El sol estaba sobre mí, quemándome, derritiendo el helado que me acompañaba.. el viento se levantó y como acostumbro desde pequeña, observé sus altas copas inclinarse ante Dios..

Aun allí le decía desde mi interior que me hablara, suplicaba por una respuesta..
Permanecía en silencio.. no dejé de caminar.. el verde campo que me rodeaba no lograba contentarme, ni siquiera el canto de las aves consiguió despertar cierto interés en mí..
Me detuve a un lado del camino y me rendí…

“Sin Ti mi vida no tiene sentido, si no vas conmigo, nada de lo que pueda conseguir me va a satisfacer. Ven a hacer lo necesario en mi interior, te necesito más que mi vida..

No quiero continuar sin Ti, no quiero irme de aquí sin oírte.. Háblame, te lo suplico.. Sé que no has dejado de estar conmigo, sé que nunca lo harás.. me lo prometiste!.. pero por favor.. guíame!, muéstrame el camino que tienes trazado!.. tan solo dime que estás al control de toda esta situación.. Te necesito, Señor..”

Miré hacia un costado y a lo lejos venía una persona, no quería encontrarme con nadie, así que regresé apresuradamente por el mismo sendero.. Entonces.. algo sucedió…

Un pequeño niñito estaba jugando en el jardín de su casa, el gritó muy feliz:
“Mami!, mírame, mírame.. estoy andando..”
Lo miré y comprendí que era la primera vez que conseguía andar en bicicleta sin ayuda de nadie.
Entonces su madre le dijo: “Viste! sabía que lo conseguirías..”

Mi corazón se quebrantó, y logré oír la voz de Dios diciéndome que Él si me estaba guiando, que como un Padre estaba al pendiente de mi, y creía en mí, que Él me vería conquistando lo que había ganado para mí..

Y exclamé en alta voz: “Señor.. enséñame a andar en bícicleta.. enséñame a conducir mi vida”

Ese fue nuestro día.. el día en el que tuvimos una hermosa cita con Dios, solo Él y yo…

Salí a su encuentro esa tarde con incertidumbres, reproches y hasta berrinches..
Regresé a casa de Su mano, con Su paz rodeándome, con un “Te amo..” y un “estoy contigo” en el aire..

 Siempre que doy un paso sin Él, descubro que mi mejor rumbo es hacia Él.. y que con Él TODO cobra sentido..

Ese fue nuestro día..

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